Malamadre


Malamadre

No, esto no es un blog de cine y no os voy a hablar de Malamadre el prota de Celda 211. El tema no va por ahí.

No hace mucho leí en uno de los “tropecientos” blogs a los que estoy subscrita (lo encontraré en algún momento, seguro!) una entrada de una madre que se preguntaba si no era un desastre como tal porque se había ido de vacaciones un par de días con su marido, solitos los dos, dejando a los niños con sus adorados abuelos. Su mala conciencia no venía solamente por haber dejado a los niños, no, su mala conciencia venía sobretodo porque había disfrutado como una enana de sus dos días de libertad absoluta y prácticamente no había echado de menos a los niños!

Inmediatamente contestaron un montón de “malasmadres” que habían pasado exactamente por lo mismo, muchas contaban que nunca lo habían comentado públicamente porque era algo que les avergonzaba admitir. Había quien comentaba que incluso agradecía que el dentista la hiciera esperar porque aprovechaba para acabar de leer ese libro que nunca consigue avanzar más de tres páginas a la semana, otras que podrían pasar a buscar a sus hijos a la guardería nada más salir del trabajo pero que lo retrasan una horita y aprovechan para descansar, para ir a la peluquería o ir a yoga, y así mil historias más.

Como podéis imaginar contraatacaron muy duramente otras madres, las de no-me-separo-de-mi-hijo-hasta-que-cumpla-los-18-años, las de ahora-toca-ser-madre-y-no-soy-nada-más, que es algo que está muy bien si es lo que tu elijes pero no todas somos así .

En mi opinión es perfectamente posible adorar a tus hijos, quererlos más que nada en este mundo y estar segurísima que darías tu vida por ellos pero al mismo tiempo ser consciente de que necesitas tu tiempo, tu espacio, un pedazo de tu antigua independencia, cortar un ratito el cordón umbilical para tu salud mental.

A mi me ha pasado, estar decaída, agobiada, tristona, hiper-estresada, todo eso junto, y no saber a qué viene, no saber de dónde me nace ese conato de depresión y cuando el vaso ya está llenísimo a punto de rebosar darme cuenta de que hace más de un mes que no me tomo una cerveza con mis amigas, o que no voy al cine o a un concierto o que no ceno fuera de casa con mi chico y que me cocine otro o que hace un siglo que no tengo una conversación que no trate de papillas, dientes, guarderías o mocos. Y eso algunas lo llevamos fatal, y necesitamos ese rato para nosotras ya sea una vez a la semana o una vez al mes, la cuestión es escuchar a tu instinto, saber si toca hacer un receso en nuestro maravilloso papel de madres para poder precisamente ser mejores madres. Y desde que lo escucho (a mi instinto) estoy más contenta con mi vida, soy mejor amiga, mejor pareja y mejor madre, sobretodo mejor madre. ¿Alguien lo duda?.

P.D: Y eso no significa que defienda a las madres (y padres) que aparcan a sus hijos durante todo el día, casi todos los días de la semana, ya sea con canguros, abuelos o llenando todos los huecos con actividades extraescolares. Los niños “aparcados” me dan una profunda pena. Pero de eso ya hablaremos otro día.


Publicado en Novedades por

5 Comentarios


Deja un comentario

Name Tu comentario
Email Website * Sabemos que tienes algo que decir ;-)